Lecturas sobre «El matadero» de Esteban Echeverría

«El matadero» (1871) en Revista del Río de la Plata, t. I, nº 4, p. 556

Las lecturas críticas sobre «El matadero» comienzan desde el momento mismo de su publicación. Aquí recojo algunas citas de esas lecturas. El objetivo de esta galería de retazos es exhibir cómo dialogan entre sí.

Sobre la fecha de escritura y publicación

Echeverría, Esteban (1805-1851)
Fuera de la contundente prosa de El Matadero, parece improbable que la producción literaria de Echeverría pueda sobrellevar, por sí misma, el lugar de privilegio con que se la destaca siempre en la historia de la literatura argentina.[...] El Matadero, escrito entre 1838 y 1840, pero publicado por Juan María Gutiérrez en 1871, es un excelente relato, desconcertante en el nivel alcanzado por la prosa narrativa hasta entonces.
Prieto, Adolfo (1968), Diccionario Básico de Literatura Argentina. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, pp. 48-50.
Matadero (El)
Por las circunstancias que acompañaron a la difusión de este relato de Esteban Echeverría, y por la extrañeza con que el mismo se inserta en la producción total del escritor, El Matadero se propone como una pieza extravagante, como un fenómeno literario que merece una atención particularizada. Escrito, por lo que puede deducirse, entre 1838 y 1840, el relato permaneció inédito nada menos que hasta 1871, año en el que Juan María Gutiérrez prosigue la edición de las Obras Completas de Echeverría.
Prieto, Adolfo (1968), Diccionario Básico de Literatura Argentina. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, p. 111.
Más allá de cuál haya sido la fecha de escritura de «El matadero» (1839-1840, como suele afirmarse, o posterior, no antes de 1843, según la hipótesis más reciente), lo cierto es que se publicó de manera póstuma, en 1871, cuando nadie ─excepto Juan María Gutiérrez, crítico literario y amigo de Echeverría ─ parecía tener noticias de su existencia.
Romagnoli, Alejandro (2023). «Introducción» en Esteban Echeverría La cautiva / El matadero. Ciudad autónoma de Buenos Aires: Colihue, p. VII.
El poeta no estaba sereno cuando cuando realizaba la buena obra de escribir esta elocuente página del proceso contra la tiranía. Si esta página hubiese caído en manos de Rosas, su autor habría desaparecido instantáneamente.
[...] De frases como esta ─y de la consideración de que los hechos narrados se sitúan en 1839─, se dedujo que Echeverría habría escrito el texto entre 1839 y 1840, antes de partir al exilio.
Romagnoli, Alejandro (2023). «Introducción» en Esteban Echeverría La cautiva / El matadero. Ciudad autónoma de Buenos Aires: Colihue, p. XXI.
Ansolabehere advierte que es en 1843, iniciado el Sitio de Montevideo, cuando aparecen las primeras menciones a la resbalosa en la prensa antirrosista, siempre minuciosa en el inventario de los crímenes atribuibles a Rosas. Dado que en «El matadero» se menciona más de una vez esa forma de tortura y muerte, sostiene que la escritura del relato no pudo ser anterior a ese año, que es también aquel en que se publicó «la refalosa», el célebre poema de Hilario Ascasubi.
Romagnoli, Alejandro (2023). «Introducción» en Esteban Echeverría La cautiva / El matadero. Ciudad autónoma de Buenos Aires: Colihue, p. XXIV.
En contra de la hipótesis de la inmediatez, es decir, de que Echeverría escribió este texto entre 1839 y 1840, poco antes de partir al exilio y muy cerca del momento en que transcurre la acción del relato, se sostiene la hipótesis de la distancia: a partir de ciertos datos presentes en el texto y en la prensa anti rosista de fines de la década de 1830 y comienzos de la siguiente, se puede argumentar que es muy probable que “El Matadero” haya sido escrito por Echeverría luego del comienzo del Sitio Grande de Montevideo (cuya fecha de inicio es el 16 de febrero de 1843).
Ansolabehere, Pablo (2022). «¿Cuándo se escribió "El matadero"? Echeverría y la juventud perdida». Revista Crítica De Literatura Argentina. El Matadero, 16: p. 13. http://doi.org/10.34096/em.n16.13666
Lo que sí está fuera de duda es el momento en que transcurre la acción de «El matadero». Solo hace falta tener en cuenta algunos datos que el propio texto aporta. Los dos primeros (que la historia se desarrolla en algún año de la década de 1830 y que Encarnación Ezcurra está muerta) determinan que el período de cuaresma al que se refiere el relato es el que precede la semana santa de 1839. La información es precisa incluso con respecto al momento en que transcurren los hechos narrados: la víspera del día de Dolores (según la liturgia católica, el viernes previo al viernes santo), elección adecuada a la intención (manifiesta en el relato) de colocar al protagonista en la senda sacrificial de Cristo
Ansolabehere, Pablo (2022). «¿Cuándo se escribió “El matadero”? Echeverría y la juventud perdida». Revista Crítica De Literatura Argentina. El Matadero, 16: p. 16. http://doi.org/10.34096/em.n16.13666
[...] hay un detalle del cuento que indica que «El matadero» no pudo ser escrito –por lo menos tal como lo conocemos hoy– antes de 1843 o, más precisamente, antes del Sitio Grande de Montevideo.En un momento del relato, cuando Matasiete ha capturado al «unitario» que paseaba, desprevenido, por las inmediaciones del matadero, varias voces le proponen ajusticiarlo aplicándole la previsible técnica del degüello, a la que aluden con un par de metáforas al uso:
—Tiene buen pescuezo para el violín.
—Tocale el violín.
—Mejor es resbalosa.
—Probemos —dijo Matasiete y empezó sonriendo a pasar el filo de su daga por la garganta del caído, mientras con la rodilla izquierda le comprimía el pecho y con la siniestra mano le sujetaba por los cabellos (Echeverría 1874, 236; énfasis nuestro).
Un poco más adelante, cuando la víctima de los carniceros ha sido conducida a la casilla del juez del matadero, vuelve a mencionarse “la resbalosa” dos veces más [...]. Un repaso por la prensa anti-rosista permite comprobar que no hay mención alguna de esa forma luego tan conocida de tortura y degüello llamada “resbalosa” o “refalosa”, hasta mediados de 1843. [...] La escritura de “El matadero”, entonces, podría ser pensada en el marco de esta serie de la resbalosa/refalosa, que se abre en 1843, en los primeros meses del sitio de Monte-video y que se extiende, Echeverría mediante, casi hasta el momento en que ese sitio llega a su fin (Echeverría muere el 19 de enero de 1851, Oribe firma el levantamiento del sitio el 8 de octubre de ese año).
Ansolabehere, Pablo (2022). «¿Cuándo se escribió “El matadero”? Echeverría y la juventud perdida». Revista Crítica De Literatura Argentina. El Matadero, 16: p. 16-19. http://doi.org/10.34096/em.n16.13666
Aunque Viñas prefirió mirar la escena dramática del unitario acosado en la casilla del matadero, un hombre que revienta de rabia cuando los enemigos políticos le hacen creer que van a vejarlo. Esa violación que no llega a consumarse cuenta más en el imaginario crítico de buena parte del siglo XX, que el «honor» mancillado de María en La cautiva. Desde luego, Viñas eligió la escena porque era la más disruptiva, la más prohibida o difícil de contar o de «mostrar» (la escena del unitario acosado en El Matadero era «para vista, no para escrita», decía el narrador). La violación masculina en el siglo XIX estaba del lado de lo indecible. En todo caso, era una escena que no estaba naturalizada por la moral de la época, como sí lo estuvieron el acoso o la apropiación de las mujeres en la historia. Esto otro no era una novedad para la literatura ni para el arte, por más que constituyera un drama.
Batticuore, Graciela (2021). «Violencia y violación en la literatura argentina. Una vuelta a la mujer romántica». XXXIII Jornadas de Investigación del Instituto de Literatura Hispanoamericana. Disponible en línea.
Publicado recién en 1871, su fecha de composición ha sido motivo de varias suposiciones. En un reciente artículo, Adriana Amante, fija como fecha de composición octubre de 1838 ─frente a la más conocida hipótesis del año 1939 (sic)─, lo cual hace coincidir su escritura con la fecha de inauguración de La Joven Argentina ─asociación a partir de la cual el poeta y sus seguidores comenzarán a difundir con suerte desigual el Credo Socialista que guiaba las ideas políticas del poeta─, y la muerte de Encarnación Ezcurra, mujer de Juan Manuel de Rosas, ocurrida el 20 de octubre de ese año y mencionada en la historia. Sin embargo, el fuerte de su tesis radica en afirmar, contra lo sostenido por Juan María Gutiérrez, que no se trataba de un borrador del poema “Avellaneda” sino de un texto escrito con toda la intención de transmitir lo que finalmente transmite. De esta forma, y teniendo en cuenta que Esteban Echeverría permaneció en Los Talas hasta 1839, la composición habría sido escrita antes de su exilio en Montevideo.
Emiliozzi, Irma (2010). Estaban Echeverría. Estudio crítico. Madrid: Fundación Ignacio Larramendi, pp. 20-21. http://dx.doi.org/10.18558/FIL022
Una de las tantas paradojas de la Argentina es que uno de los textos fundantes de su literatura y de su cultura es, en realidad, un texto inédito. Me refiero ─claro─ a «El matadero», de Esteban Echeverría, que ─como se sabe─ no se publicó sino en 1871, veinte años después de la muerte de su autor y un poco más de treinta años depués (sic) de la fecha probable de su composición.
[...] ¿Cuándo escribió Echeverría «El matadero»? No antes de octubre de 1838, fecha de la muerte de Encarnación Ezcurra, a la que se hace mención en el texto. Probablemente en 1839. Lo importante es que es muy factible que haya sido escrito antes de que Echeverría emigrara a la Banda Oriental.
Amante, Adriana (2006). «Echeverría, entre dos reescrituras», Las ranas, II, 2: pp. 3-4.
Nuestro ideólogo de la Independencia y de la idea de construir una nación, Esteban Echeverría, en su relato «El matadero», escrito en 1838 y editado muchísimo después, cuenta una historia que, leída hoy, con tranquilidad, puede parecernos imposible. Se trata de la «negra achuradora», para quien no se usaba esa palabra en el sentido actual de matar sino de quien se llevaba las achuras. En realidad, lo que hacía era llevarse lo que se descartaba de la faena del matadero, para poder comer ella y los suyos. Esas «negras achuradoras» peleaban hasta con los perros para conseguir algo de carne por mala que fuese. Echeverría, para mostrar su desprecio por ese mundo que consideraba inferior, el de la población afroargentina, lo describía tratando de robar partes desechadas de la vaca, y para eso se «mete el sebo en las tetas» y «se arroja cuajones de sangre» (sic) con los otros muchachos. No era diversión, era lucha. No era diversión, era lucha. No casualmente el mondongo, el interior del estómago, que nadie quería comer, quedó hasta hoy con su nombre africano.
Schávelzon, Daniel (2016). «De carne somos: civilización y barbarie», Caras y Caretas, LV, 2315: pp. 46-48.
[...]Perseguido por Rosas, Echeverría se refugió en Luján (provincia de Buenos Aires). Según investigaciones recientes, allá habría escrito, a mediados de 1839, la importante obra El matadero. Forzado por las circunstancias políticas, se exilió en Uruguay a fines de la década de 1840.
Finzetto, Yves (2023 [2017]). «Echeverría, Esteban» en Jorge Schwartz (editor) Borges babilónico. Una enciclopedia. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, pp. 208-209
Si la literatura argentina encierra una página que puede equipararse con El matadero, de Echeverría, esa página es La refalosa, de Ascasubi, si bien la primera tiene un poder alucinatorio que le falta a la otra, cuyo íntimo carácter es una suerte de inocente y chabacana ferocidad. Los dos textos fueron redactados en la misma ciudad y hacia la misma fecha.
Borges, Jorge Luis (1984). «El matadero», ABC. Sábado Cultural, Madrid, 24 de noviembre de 1984: p. IX.
Un texto inédito. En El matadero está el origen de la prosa de ficción en la Argentina. Pero ese origen, podría decirse, es oscuro, desviado, casi clandestino. Escrito en 1838 el relato permaneció inédito hasta 1874 cuando Juan María Gutiérrez lo rescató entre los papeles póstumos de Echeverría (que había muerto en Montevideo, exiliado y en la miseria, en 1851). ¿Por qué no lo publicó Echeverría? Basta leerlo hoy para darse cuenta de que es muy superior a todo lo que Echeverría publicó en su vida (y superior a lo que todos sus contemporáneos, salvo Sarmiento). Habría que decir que Echeverría no lo publicó justamente porque era una ficción y la ficción no tenía lugar en la literatura argentina tal como la concebían Echeverría y Sarmiento. «Las mentiras de la imaginación» de las que habla Sarmiento deben ser dejadas a un lado para que la prosa logre toda su eficacia y la ficción aparecía como antagónica con un uso político de la literatura.
Piglia, Ricardo (1984). «Echeverría y el lugar de la ficción» en Fierro. Historietas para sobrevivientes, 1, 1: p. 70.
Para la historia de la literatura argentina, El Matadero es el primer relato, el primer cuento. Su aparición marca el momento en que una ficción en prosa surge con la única fuerza de su dramaticidad interior entre el fárrago doctrinario de la producción de los escritores del 37. Su constitución en texto fundacional es, en realidad, una construcción de la crítica argentina del siglo XX: El Matadero no fue publicado en vida de Echeverría. Escrito probablemente entre 1838 y 1840, fue descubierto por Juan María Gutiérrez entre los papeles de Echeverría y puesto en circulación en 1871, en la Revista del Río de la Plata.
Iglesias, Cristina (2004 [1998]). «Mártires o libres: un dilema estético. Las víctimas de la cultura en El Matadero de Echeverría y en sus reescrituras» en Letras y divisas: ensayo sobre literatura y rosismo.. Buenos Aires: Santiago Argos, p. 23.

Citas: leer, subrayar, guardar

amistad

Un amigo se cae y se rompe una pierna: es fácil sentir pena y tratar de ayudarlo. Un amigo se cae, se levanta sin problemas y al otro día gana la lotería: ¿cuán sinceras son nuestras felicitaciones? ¿No guardan acaso un poco de envidia y rencor?

Curtis, Walt. Mala nothce y otras aventuras ilegales. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Caja Negra, 2019, p. 212.

amor

Quizás prefiero imaginar que ese adulto del futuro nos ama como yo amo a mis padres: con un amor incondicional y el deseo ferviente y probablemente fallido de no parecerme a ellos.

Zambra, Alejandro. Literatura infantil. Buenos Aires: Anagrama, 2023, p. 98.
[Ingreso: Junio, 11, 2023, 00:27:32]

archivo

"El archivo, según Foucault, no guarda los significados, estos se tornan allí acontecimientos, cosas, tienen un valor en sí mismo. El archivo se situaría entre las posibilidades de decir y lo ya dicho y negaría la idea de que el enunciado sea la traducción de algo, un significado, que se encuentra en otro lugar".

AA. VV.. Indiccionario de lo contemporáneo. La Plata, Estructura Mental a las Estrellas, 2021 [2018], p. 26.

"El archivo, en tanto territorio de disputas, pone en juego no solo el control de aquello que puede ser dicho, sino además la construcción misma de la realidad y no apenas su conservación, como pretendían los positivistas. En este sentido, se revela que el archivo no representa un pasado, no da testimonio histórico, lo construye".

AA. VV.. Indiccionario de lo contemporáneo. La Plata, Estructura Mental a las Estrellas, 2021 [2018], p. 28.

"Presentarse como arconte exclusivo, lector legal y oficial del archivo es, a fin de cuentas, la posibilidad de dominar, de crear el pasado a partir de los propios intereses o, como mínimo, del propio lugar de enunciación, cancelando los otros. Por eso, los archivos están en disputa, así como están en disputa sus lecturas".

AA. VV.. Indiccionario de lo contemporáneo. La Plata, Estructura Mental a las Estrellas, 2021 [2018], p. 30.

"El archivo americano se inaugura con un texto perdido e interpolado, atravesado por la polémica y la multiplicidad de voces: metonimia y metáfora de todas las imágenes posteriores".

Teglia, Vanina; Añón, Valeria. "Prólogo" en Cristobal Colón Dario, cartas y relaciones: antología esencial. Buenos Aires, Corregidor, 2021 [2012], p. 16.

arte

La gente no se cansa de decir: hasta que no ves un Rothko en vivo no ves ni la mitad. A mí me sorprende todo lo que se puede ver en una reproducción. Incluso ahí Rothko no te entra por los ojos sino como uun fuego a la altura del estómago. Hay días en que creo que su obras no son obras de arte sino otra cosa: la zarza ardiente de la história bíblica. Un arbusto que arde pero nunca se quema.

Gainza, María. El nervio óptico. Buenos Aires, Anagrama, 2022 [2017], p. 90.

Creo que el arte que depende demasiado del subidón de un descubrimiento inexorablemente declina cuando se lo logra dominar por completo. [...] Carson McCullers lo decía mejor: «De pronto captas algo aquí —y se señalaba el rabillo del ojo— y un frío estremecimiento te recorre de arriba abajo».

Gainza, María. El nervio óptico. Buenos Aires, Anagrama, 2022 [2017], p. 80.

Olvidaba que los elementos más poderosos de una obra con frecuencia son sus silencios, y que, como dicen por ahí, el estilo es un medio para insistir sobre algo.

Gainza, María. El nervio óptico. Buenos Aires, Anagrama, 2022 [2017], p. 92.

"Se destruyen stencils y caricaturas estratégicas como si fueran actos de vandalismo público o se los promociona, dándoles vuelta el sentido, a cambio de grandes sumas de dinero. Y es debatible, a la vista del tejido urbano, si este es un arte que las autoridades quieren esponsorear (como lo han hecho en St. Leonards-o-Sea, al sellar inmediatamente un graffiti de Bansky con plexiglás). o si, de alguna forma misteriosa, estas intervenciones debieran seguir siendo un secreto encriptado. Vivimos en una sociedad ávida de juntar lo que sea que parezca tener espíritu; lo que sea peligroso puede ser capturado y convertido en una forma de energía. Que también es riqueza, dinero, crédito, plenitud sexual.

Sinclair, Ian. Los ríos perdidos de Londres y El sublime topográfico. Traducción: Edgardo Scott. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fiordo, 2016, p. 79.

Besos

Hay tantos tipos de besos como personas en el mundo, tantos como permutaciones y combinacio nes de personas. Nadie besa como los demás y nadie coge igual, pero, en cierto modo, un beso es algo todavía más personal, más individual que un polvo.
Los hay que besan con fervor y vehemencia, con los labios bien separados y distendidos, mientras te meten la lengua dura en la boca todo lo que pueden. Otros besan con pereza, relajados y lánguidos, con bocas flojas que apenas te rozan, con lenguas casi incapaces de aventurarse a salir. Hay quienes besan con astucia, con besos que parecen indiferentes al principio, pero furtivamente acaban despertándote enormes estallidos de deseo. Otros besan con tanta intensidad que repugnan un poco y te dejan como si acabaras de echarte un polvo rápido en el piso del baño. También hay quienes besan de forma virginal, porque cuando se disponen a apoderarse de tu boca parece que te están agarrando castamente de la mano. Otros besan como si estuvieran cogiendo, metiendo y sacando frenéticamente la lengua los labios con ritmo jadeante. Hay muchos otros tipos de besos. Ahora se me ocurren por lo menos una docena. Podés anotar acá tus favoritos:

di Prima, Diane. Memorias de una beatnik. Buenos Aires, Las afueras, 2023 [1969/1988], p. 14.

biografía

[...] quien se hace biógrafo {responde Freud} se obliga a la mentira, al secreto, a la hipocresía, a la idealización y también a la disimulación de su misma incomprensión, porque la verdad biográfica no se puede lograr, y aun si uno la alcanzara, no la podría utilizar. La verdad [biográfica] no es practicable y los hombres no la merecen. Por lo demás, nuestro príncipe Hamlet, ¿no tenía razón cuando preguntaba si alguien podría escapar al látigo si fuera tratado según el mérito?.

AA. VV.. Indiccionario de lo contemporáneo. La Plata, Estructura Mental a las Estrellas, 2021 [2018], p. 36.

Cualquier biografía, ocultada, deviene ficción".

Sinclair, Ian. Los ríos perdidos de Londres y El sublime topográfico. Traducción: Edgardo Scott. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fiordo, 2016, p. 23.

caminar

Caminar sobre o junto a los ríos enterrados de Londres añade una forma de memoria colectiva a nuestros flancos.

Sinclair, Ian. Los ríos perdidos de Londres y El sublime topográfico. Traducción: Edgardo Scott. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fiordo, 2016, p. 20.

citar

Me he dado cuenta, también, de que el buen citador evita tener que pensar por sí mismo.

Gainza, María. El nervio óptico. Buenos Aires, Anagrama, 2022 [2017], p. 157.

ciudad

"Las ciudades se ensamblan alrededor de sus mercados más importantes ─carne, pescado, verduras, ropa y objetos de personas fallecidas─; luego se los expulsa, por conveniencia, hacia los suburbios, del mismo modo como se aleja del centro, a menudo, a los asilos y hospitales, para ocultarlos en los límites de la visibilidad, marcar los bordes entre la ciudad y el campo.

Sinclair, Ian. Los ríos perdidos de Londres y El sublime topográfico. Traducción: Edgardo Scott. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fiordo, 2016, p. 30.

cobardía

Los cobardes temen hasta la felicidad.

Dazai, Osamu. Indigno de ser humano. Traducción: Montse Watkins (1999). Buenos Aires, Sajalín Editores, 2021, p. 55.

colección

[Walter Benjamin escribe:] "La existencia de un coleccionista oscila dialécticamente entre los polos del desorden y el orden". Esa tensión, que parece fundar la historia de la humanidad en tanto historia, fue apaciguada o maquillada, combatida o resistida por el espíritu positivista que prefirió contar la historia del triunfo de uno de los polos: la razón y un orden basado en la definición identitaria de los elementos coleccionados. Los museos de la modernidad pasaron a caracterizarse por los objetos que capitalizaban, así como el sujeto moderno por los conocimientos que era capaz de acumular. Museos y subjetividad modernos se constituyen como dos tipos de archivos, capitalizadores.

AA. VV.. Indiccionario de lo contemporáneo. La Plata, Estructura Mental a las Estrellas, 2021 [2018], p. 21.

comics

After all, comics art a gutter medium: that is, it's what takes place in the gutters between the panels that activates the medium.

Spiegelman, Art. "Those Dirty Little Comics" en Adelman, Bob Tijuana Bibles: art and wit in america's forbidden funnies, 1930s-1950s. Nueva York: Simon and Schuster, 1997, p. 8.
[Ingreso: Noviembre, 13, 2023, 23:17:12]

Consagrar/profanar

[...] consagrar (sacrare) era el término que designaba la salida de las cosas de la esfera del derecho humano, profanar por el contrario significa restituir al libre uso de los hombres.

Agamben, Giorgio. ¿ Qué es un dispositivo?. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Adriana Hidalgo editores, 2014, pp. 21-22.
[Ingreso: Octubre, 11, 2024, 01:42:50]

escribir

Y no sé qué hacer con esa muerte tan tonta, tan gratuita, tan hipnótica, y tampoco sé por qué lo estoy contando ahora, pero supongo que siempre es así: uno escribe algo para contar otra cosa.

Gainza, María. El nérvio óptico. Buenos Aires, Anagrama, 2022 [2017], p. 20.

Porque ─y esto lo sabe cualquier escritor de cepa─ uno no escribe para expresarse, sino para entender, y no hay comprensión donde no hay obsesión.

Herbert, Julián. "Prólogo" en Pauls, Alan Fallar otra vez. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Gris Tormenta, 2022, pp. 16-17.
[Ingreso: Abril, 15, 2024, 00:05:13]

Género

Cuando se piensa en géneros se piensa en límites: históricos en primer lugar, porque los géneros no son eternos, surgen, se desarrollan y desaparecen o se transforman, su condición es esencialmente histórica y social. Por otra parte, aunque ya no funcionen como sistemas normativos, de algún modo organizan o regulan las relaciones literarias y permiten trazar diferencias: géneros "mayores" y "menores", literarios o ono. Si bien estos términos están modificándose constantemente y dependen de las concepciones de la literatura que predominen, los géneros proporcionan un conjunto de normas ─una legalidad─ para clasificar y ordenar los textos.

Amar Sánchez, Ana María. El relato de los hechos. Rosario, Beatriz Viterbo, 1992, p. 19.

historia

Nunca logramos olvidar lo bastante nuestro presente conocido para reconstruir en su totalidad cualquier pasado

Ong, Walter. Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra. México, Fondo de Cultura Económica, 2016 [1982], p. 52.

humanidad

¿No es, acaso, una ingenuidad pensar que, por su inteligencia, los hombres conocen las oscilaciones internas y secretas de las bestias? ¿Mediante qué comparación entre ellos y nosotros concluye el hombre la ausencia de razón que les atribuye?

Burucúa, José Emilio; Kwiatkowski, Nicolás. Historia natural y mítica de los elefantes. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ampersand, 2020, p. 29.

Mi vida ha estado llena de vergüenza. La verdad es que no tengo la más remota idea de lo que es vivir como un ser humano. Como nací en provincias, en Tohoku, la primera vez que vi un tren ya era bastante mayor. Me dediqué a subir y bajar, una y otra vez, el puente elevado de la estación, sin que se me ocurriera que lo habían construido para cruzar las vías; me parecía que su función era dotar a la estación de un lugar de diversión de tipo occidental. Eso pensé durante mucho tiempo. Me lo pasaba estupendamente subiendo y bajando el puente, que era para mí una diversión de lo más elegante y el mejor servicio que ofrecía la compañía de ferrocarriles. Cuando me enteré de que no era más que un medio para que los viajeros cruzaran al otro lado, mi interés se desvaneció.

Dazai, Osamu. Indigno de ser humano. Traducción: Montse Watkins (1999). Buenos Aires, Sajalín Editores, 2021, p. 15.

inclusivo

Sería ingenuo pensar que no existe relación entre la desmesurada corrección política contemporánea y el chato protagonismo que demandan los correctores de estilo [...]. Se trata de una guerra ideológica que se libra en los lindes de la estética, y es en parte por eso que algo aparentemente divertido e inquietante como el lenguaje inclusivo (o incluyente, corríjanme) logra generar animadversiones de amplio espectro: no tanto por romper la norma ─cosa a mi juicio deseable y amena─, sino por intentar sustituirla mediante el chantaje moral. Más allá de su flagrante ineficacia política (una subalterna social como la chofer de Uber no puede obligarme a ser parte de su todes porque le cancelo el viaje, en cambio un profesor sí puede imponerlo a sus alumnes bajo la soterrada amenaza de reprobarlo), el lenguaje incluyente fracasa, en cuanto recurso subversivo, porque carece la mayor parte de las veces de la ironía necesaria para verse a sí mismo como lo que es: un lujo.

Herbert, Julián. "Prólogo" en Pauls, Alan Fallar otra vez. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Gris Tormenta, 2022, pp. 16-17.
[Ingreso: Abril, 15, 2024, 00:03:42]

lectura

Cuando leemos el trabajo de otros, tenemos los ojos de un lince. Cuando leemos el propio, somos ciegos como topos. Pues cuando sabemos algo de memoria, y lo hemos escrito nosotros mismos, no volvemos a eso con la precisión adecuada.

Schottus, Andreas en Grafton, Anthony. La cultura de la corrección de textos en el Renacimiento europeo. Traducción: Ghelfi, Emilia. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ampersand, 2014, p. 45.
[Ingreso: Junio, 24, 2023, 20:03:49]

La lectura silenciosa es en cierto modo una conquista; quienes leemos en silencio y en soledad aprendemos, justamente, a estar solos, o mejor dicho reconquistamos una soledad menos agresiva, una soledad vaciada de angustia; nos sentimos poblados, multiplicados, acompañados mientras leemos en silenciosa soledad sonora.

Zambra, Alejandro. Literatura infantil. Buenos Aires: Anagrama, 2023, p. 60.
[Ingreso: Junio, 11, 2023, 00:23:46]

[...] por eso releemos la obra de un escritor admirado: [...] al regresar a los textos las certezas se rompen, y construimos, esta vez, recuerdos nuevos, recuerdos que también parecen, mientras tanto, definitivos.

Zambra, Alejandro. «El gesto de Onetti» en No leer. Crónicas y ensayos sobre literatura. Barcelona: Anagrama, 2022, p. 56.
[Ingreso: Mayo, 21, 2024, 22:02:13]

literatura

El final ya lo conoces. Los finales, para ti, no están vinculados a una clausura, no representan la meta sino una posición intermedia, como cuando un velocista entera un circuito pero faltan aún varias vueltas para que la cartera termine. Y así también funciona, en realidad, la literatura de los adultos, aunque solemos ignorarlo; solemos rendirnos a la superstición del final, del desenlace, porque a veces necesitamos suponer que las historias terminan, obedientemente, en la última página.

Zambra, Alejandro. Literatura infantil. Buenos Aires: Anagrama, 2023, p. 58.
[Ingreso: Junio, 11, 2023, 00:20:25]

mito

Un mito es siempre simbólico, por eso no tiene nunca un significado unívoco, alegórico, sino que vive una vida encapsulada que, según el lugar y el hombre que lo rodea, puede estallarse en las más diversas y múltiples florecencias.

Pavese, Cesare. La literatura norteamericana y otros ensayos. Madrid: Bruguera, 1987, pp. 308-9.
[Ingreso: Noviembre, 12, 2023, 09:49:17]

[M]ito es un relato tradicional que refiere a la actuación memorable y paradigmática de unas figuras extraordinarias ─héroes y dioses─ en un tiempo prestigioso y esencial.

García Gual, Carlos. Diccionario de mitos. Madrid: Turner, 2021, p. 12
[Ingreso: Noviembre, 12, 2023, 09:49:17]

realismo

Nada más ficcional que el realismo, donde todo lo que escribimos está bajo la luz del recorte ideológico.

Laiseca, Alberto. "Para leer El matadero", Página 12, Radar, año 21, nª1071 (26 de marzo de 2017), p. 27.
[Ingreso: Mayo, 4, 2024, 00:56:30]

respeto

Parecía que me estaba ganando el respeto de todos. Aunque el hecho de que me respetaran me causaba un cierto pánico. Mi idea de alguien respetado consistía en una persona que había logrado engañar casi a la perfección a los demás pero que, al ser visto por un ser omnisciente e omnipotente, era humillado en una vergüenza peor que la muerte. Incluso si engañase a los seres humanos para que me respetaran, alguno de ellos se daría cuenta; y cuando les contara a los demás el engaño, entonces la ira de los humanos daría lugar a alguna horrible venganza. Solo de pensarlo se me ponían los pelos de punta.

Dazai, Osamu. Indigno de ser humano. Traducción: Montse Watkins (1999). Buenos Aires, Sajalín Editores, 2021, p. 21.

río

[...] quisiera que consideráramos el concepto de río «perdido» como aplicable a todo Londres. [...] A mediados del siglo XIX, hubo un momento en que se entubaron muchos afluentes que habían pasado a ser inoportunos, porque era necesario implementar, con la ayuda de un ingeniero civil, Sir Joseph Bazalgette, un sistema eficaz de alcantarillados. Un circuito para que se filtraran, purificaran y luego se vertieran en el Támesis los desechos de Londres".

Sinclair, Ian. Los ríos perdidos de Londres y El sublime topográfico. Traducción: Edgardo Scott. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fiordo, 2016, p. 28.

tijuana bibles

[T]he Tijuana Bibles were the very first real comic books in America to do more than merely reprint old newspaper strips, predating by five or ten years the format we've now come to thinks of as comics.

Spiegelman, Art. "Those Dirty Little Comics" en Adelman, Bob Tijuana Bibles: art and wit in america's forbidden funnies, 1930s-1950s. Nueva York: Simon and Schuster, 1997, p. 4.
[Ingreso: Noviembre, 13, 2023, 23:01:16]

The Tijuana Bibles probably weren't produced in Tijuana (or in Havana, Paris, or London, as some of the covers imply), and they obviously weren't Bibles. They were clandestinely produced and distributed small booklets that chronicled the explicit sexual adventures of America's beloved comic-strip characters, celebrities, and folk heroes. The standard format consisted of eight poorly printed 4"-wide by 3"-high black (or blue( and white pages with one panel per page and covers of a heavier colored stock.

Spiegelman, Art. "Those Dirty Little Comics" en Adelman, Bob Tijuana Bibles: art and wit in america's forbidden funnies, 1930s-1950s. Nueva York: Simon and Schuster, 1997, p. 5.
[Ingreso: Noviembre, 13, 2023, 23:02:46]

traducción

No hay, no puede haber, no habrá jamás relación de equivalencia entre la lengua de la que se traduce y la lengua a la que se traduce. Y, sin embargo, la exigencia persiste: es preciso traducir; y, sin embargo, las traducciones continúan, proliferan, se multiplican todos los días. La lección ─que es nuestro alivio, quizás el único a nuestro alcance─ es que nada hace posible tantas cosas nuevas como una situación imposible.

Pauls, Alan. Fallar otra vez. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Gris Tormenta, 2022, p. 35.
[Ingreso: Abril, 15, 2024, 00:14:22]

transposición

La transposición o transfiguración de una obra en otra es un milagro reconocible de la máquina literaria: es su interés por la metamorfosis, y porqué no, por ensanchar el núcleo vital de un mito enviándolo hacia todos los destinos, géneros y contextos posibles.

González, Horacio. "La experiencia faustoski" en Campos, Estanislao del Fausto. Edición facsimilar. Ilustración: Oski. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Eudeba, 2013, p. 7.
[Ingreso: Abril, 15, 2024, 22:33:49]

trascendencia (falopa)

Mientras haya pasión y un poco de odio en nuestros corazones, podremos levantar de nuevo las grandes carpas, ser otra vez lo que fuimos. Hay que dejarlo todo. Podremos dejar de llorar a nuestros muertos y comenzar a ser nuestros muertos.

Saldías, Álex. Ecos. Santiago, La pollera Ediciones, 2018, p. 74. Variante en p. 195.


No hay manera de escapar - Boris Vian y OuLiPo

Es cierto. No se puede escapar. Uno pasa de un libro a otro y las obsesiones son las mismas. Volvemos entonces al tema de la traducción.

No hay manera de escapar de Boris Vian y OuLiPo es una novelita policial cuya historia sea quizás menos entretenida que la del texto

Boris Vian muere incesantemente en 1959. En 1996 Ursula Vian Kübler, su viuda, se da a la tarea de conseguir quien editara la obra completa de Boris. Logra que una editorial francesa publique entre 1999 y 2003 quince volúmenes con las obras de Vian. Queda, sin embargo, un manuscrito titulado Roman Série noire escrito entre 1950 y 1951 que se mantiene inédito. En 2016, Nicole Bertolt, gestora de la obra de Vian, vuelve sobre esos papeles y decide retomar el proyecto. La propuesta llega al colectivo OuLiPo, quien completa la novela.

En el manuscrito se encontraba la sinópsis de la novela y sus primeros cuatro capítulos. Terminada, cuenta con dieciséis capítulos, doce de ellos escritos por el OuLiPo. A nosotros nos llega traducida por Eduardo Berti, quien también es miembro del colectivo y, a la vez, uno de los escritores que se dieron a la tarea de completarla.

Un tipo joven se pone a indagar cuando advierte que, una después de otra, todas las chicas que amó caen en manos de un asesino. Llega siempre tarde, pero termina por descubrir que el autor de los crímenes es ... [de "La sinópsis de Boris Vian"].

La novela está plagada de juegos. Destaco uno: las supuestas notas del traductor. Vian solía fingir ser el traductor de Vernon Sullivan, un seudónimo con el que firmó cuatro novelas. Esta novela recrea ese juego entre el cuerpo del texto y sus aclaraciones en los pies.

En general, debo decir que la traducción no despertó mi interés. Es probable que la novela tampoco. Pero... siempre hay algo. Alguna nota al pie que no traía la leyenda "[N. del T.]", por ejemplo. ¿A quién se la debía atribuir? ¿A Berti traductor o al texto? Esas cosas me desorientan y me ponen alerta. Y me hacen intentar consultar el original (sí, he dicho más de una vez que no conozco otros idiomas, pero soy susceptible a las formas y puedo consultar diccionarios).

Les comparto algunas de mis inquietudes. En el siguiente ejemplo me enfrenté a esta duda: ¿falta una 'n' o cambió la 'a' por una 'e'? ¿Por qué lo de la 'n'? Porque el protagonista habla sobre Ellen Brewster.

Elle se mordió el labio inferior. Tenía ese tic cuando estaba emocionada. (27)

En el original el misterio se resuelve:

Elle mordait sa lèvre inférieure, elle avait toujours eu ce tic lorsqu’elle était émue.

Pero resulta que, entonces, lo que me molesta es que no se haya respetado la puntuación (la de la oración y la del párrafo) ni la repetición del pronombre. No sé si en francés es imprescindible la presencia del pronombre al lado del verbo flexionado. En castellano no. En todo caso, ¿por qué aparece en el primer caso y no en el segundo? Criterios, claro.

Otro ejemplo:

El hombre se acercó. Tuve un mal presentimiento. Pero no era más un cartero o parecía serlo. (52)

Aquí la pregunta que se me presentó fue si se trataba de un error en la traducción o en el original. En castellano se lee que el hombre ya no era cartero, ¿sería mejor decir "no era más que un cartero", "no era sino un cartero"? El original dice:

Ce n’était pourtant qu’un postier ou ça y ressemblait.

Destaco ahí el pronombre relativo que me falta en la traducción. No. No sé francés, pero vamos, si es casi la misma forma.

Ya que estoy con el original a la vista, noto que la traducción descarta este chiste:

N.d.T. : en anglais, to take French leave signifie « filer à l’anglaise ».

Y lo dejo aquí.

La novela es entretenida y un tanto predecible. Los primeros cuatro capítulos son los que más disfruté. Siento que en ellos había una mayor frescura, pero también puede ser que el saber que esos eran los capítulos de Vian me hayan predispuesto a estar comparando todo el tiempo la escritura del resto de los capítulos.

Me gustó el arte de tapa. Tanto el de la edición argentina como el de la edición francesa (cuya imagen se reproduce al interior de la edición de Caja Negra).

Si alguna tarde tienen un ratito libre, quizás pueden acudir a este libro.

Boris Vian y OuLiPo: No hay manera de escapar. Caja Negra, 2020. 144 páginas, 20 x 14 cm. Traducción: Eduardo Berti. Diseño de tapa: Consuelo Parga. Maquetación: Tomás Fedel. Precio: 2000.


Escribir palabras ajenas: notas sobre traducción - Pablo Ingberg

Trujamán. Hombre truja: que trueca, que cambia, que lleva y que trae palabras, sentidos, formas, discursos. Sabemos que ese es uno de los nombres históricos de los intérpretes o traductores. Hay al menos una parte de todo lo antes dicho que es invento mío.

Leo o leí ─la lectura es una cosa que sin duda sucede en el pasado─ Escribir palabras ajenas: notas sobre traducción de Pablo Ingberg. El libro es de 2019 y buena parte de él reúne una serie de textos que Ingberg escribió para el sitio o revista digital Trujamán. Lo encontré en una librería1 poco después de haber leído la pésima reedición de Escribir de Marguerite Duras, experiencia de la que ya hablé. Sigo algo molesto con ese libro, no tanto por el trabajo de Ana María Moix (del que poco pude decir), pero aun así supuse que un libro que abordara específicamente la traducción resultaría una suerte de alivio. Y lo fue.

[...] en materia de traducción, no hay leyes de validez general permanente, sino , a lo sumo, criterios de aplicación elástica según los casos concretos.

Entré a la lectura del libro con despreocupado interés. Mi idea era leer algunas reflexiones y luego guardarlo en la biblioteca para eventualmente consultarlo. Pero a medida que fui pasando sus páginas me encontré entregado a un tipo de lectura que no sé si el libro propone ni acepta: lo leí como si fuera una especie de novela. Me encariñé con su protagonista y me gustó que se tratara de un personaje entregado a la exploración. Sentí, sin embargo, que hacia el final se iba convirtiendo en un sujeto cada vez menos flexible, que terminaba por autoconvencerse con sus propios ejemplos de laboratorio.

Veamos. Yo aprendí en la escuela que los demostrativos en función sustantiva llevaban tilde (ésta) y el adverbio "sólo" también. Esa norma ha ido cambiando, yo, bartlebyanamente, prefiero no hacerlo.

Como saben quienes leen este blog (¿hola?), apenas puedo decir que soy un usuario competente de esta lengua con la que tecleo y poco sé de otros idiomas. No obstante, con frecuencia me encuentro haciendo comentarios sobre lo bien o mal que me parece tal o cual traducción. En esos casos, trato de conseguir el texto original y, como si con eso bastara, diccionario y gramática al lado intento observar qué hizo el otro con ese material. Ahí, a veces descubro que mi sospecha tuvo algo de razón: quien tradujo se salteó un párrafo; o no. Entonces se trata simplemente de un desacuerdo estético. Pero ¿quién soy yo para juzgar las elecciones de un traductor profesional? Nadie.

La salida alternativa al empobrecimiento y reducción del mundo vía traducción meramente interpretante de contenido está acaso en la atención a la forma, no como algo separado o separable del contenido, sino como indisoluble productora de sentidos: la estructura, el orden de las palabras, la sintaxis, la rareza, el juego de palabras, el verso, el ritmo, tienen literalmente mucho que decir.

Cuando leí las reflexiones de Ingberg sobre la traducción me encontré más de una vez dándole la razón a sus razonamientos2. Y, sin embargo, en no pocos casos no me gustaron sus traducciones. Cito un ejemplo en particular que todavía me tiene pensando. Transcribo el original y la traducción de Ingberg y destaco la parte que me inquieta:

Lewis Carroll:
The Hatter's remark seemed to have no sort of meaning in it, and yet it was certainly English.
Pablo Ingberg:
La observación del Sombrerero no parecía tener ninguna clase de sentido, y sin embargo estaba sin duda en castellano.

Mi inquietud es la siguiente: ¿por qué en la traducción el "no" antecede a "parecía", si en el original parece estar más relacionado con lo que en la traducción será "tener"? Es decir, ¿no debería ser algo como "parecería no tener..."?

Esta desaveniencia, en todo caso, puedo adjudicarla a mi ignorancia. Es probable que se traduzca como dice Ingberg. El resto de las veces, que no son pocas, se debe más a cuestiones estéticas. Admiro, por ejemplo, el trabajo que realizó en la traducción de "The road no taken", de Robert Frost3, pero no me gusta. Entiendo que intentó mantener las rimas, que el poema siga sonando como poema, pero no me gustó. ¿Qué puede hacer un traductor frente a eso? Nada. ¿Qué puede hacer un lector de traducciones frente a eso? Nada.

[...] la tarea del traductor de poesía consiste, entre otras cosas, en lograr que el resultado de su trabajo suene a poesía en su propia lengua.

Más allá de estas cuestiones particulares que comento, vale decir que el de Ingberg es un libro por demás interesante. Finalmente lo ubicaré en la biblioteca, lo consultaré alguna que otra vez, pero sin dudas también se ha ganado un lugar en mi memoria. Lo tendré entonces, sí, como una lectura feliz. Como una lectura que me gustaría compartir.

Pablo Ingberg: Escribir palabras ajenas: notas sobre traducción. Editorial Universitaria Villa María (Eduvim), 2019. 330 páginas, 17 x 11 cm. Edición: Agustina Merro. Diseño editorial e ilustraciones: Juan Pablo Bellini y Manuela Eguía. Precio: 2000.

Postdata

Eduvim facilita la lectura digital de una parte del libro en este sitio.

1 Arcadia su nombre. No lo recordaba al momento de escribir el cuerpo del texto.

2 ¿Vale la pena que alguien que no se dedica a la traducción ni conoce otros idioma se entregue a este tipo de lecturas? Yo qué sé. Leo porque me gusta leer y, además, me considero capaz de seguir un razonamiento.

3 Cito este ejemplo, que no se encuentra en el libro, solo para evidenciar que no me quedé con los pocos ejemplos que contiene. Supuse que con esa pequeña muestra no bastaba para afirmar mi discrepancia estética con el traductor.